6e7628bdcdd882d43459ac8e2c1d6aff.ppt
- Количество слайдов: 71
Hoy es la octava de Navidad. Momento aún de celebrar y momento de reflexión sobre cómo lo vamos celebrando en el espíritu.
Pero en este día, por ser octava de la Navidad y por ser principio de año, tiene una relevancia muy especial la Madre de ese Niño “que nos ha nacido” y es el Hijo de Dios. Así que en la liturgia este día se llama “Fiesta de Santa María Madre de Dios”. Hoy es como ver la Navidad bajo el manto de la Virgen María.
El hecho de que comience un año nuevo es motivo para desearnos todos el bien y la paz. De una manera concreta deseamos la bendición de Dios. Por eso en la 1ª lectura nos presenta una famosa bendición del Antiguo Testamento que Dios reveló a Moisés para desearla a los israelitas. Dice así:
El Señor habló a Moisés: "Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré. " (Num 6, 22 -27)
Automático
su rostro so- bre ti
Hacer CLICK
Cada año y cada instante necesitamos la bendición de Dios. Que no aparte su rostro, lleno de bondad, de nosotros. Esa será nuestra felicidad. Bendecir significa: “bien decir”. Que Dios tenga siempre que bien decir de nosotros. Cada palabra de Dios sea como un beso de amor.
La palabra de Dios es amorosa y eficaz. Si Dios dice “Hágase”, el hombre comienza a ser. Si dice “Paz”, esta paz viene a nosotros. Sólo nos pide que no pongamos un escudo, debido a nuestra libertad, que impida la gracia de Dios.
En este día Dios nos bendice, pero quiere nuestra colaboración. Quiere que también nosotros nos dediquemos a bendecir. De modo que lleguemos a ser una bendición para los demás. Dios quiere que cuando nos acerquemos a los demás, seamos una irradiación de la luz y amor de Cristo.
Después de la primera lectura, que es el deseo de esta bendición del Señor, viene el salmo responsorial, que hoy es también otra bendición con el deseo de que se unan todos los pueblos de la tierra.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, Automático
todos los pueblos tu salvación.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
H a c e r C L I C K
En el mundo hay demasiadas malas palabras, mordaces y despectivas, demasiados malos deseos y críticas acerbas. Debemos aprender a bendecir. Quizá comenzando con pequeñas cosas, hasta ser presencia de bendición.
Dios es de tal manera bendición para nosotros, que Él mismo se ha hecho hombre dándose a nosotros como suprema bendición. Y se nos ha dado por medio de su Madre, mujer de nuestra propia naturaleza y raza, a quien verdaderamente podemos llamar “Madre de Dios”.
Hay muchos que, creyendo en Jesús hasta llamarse cristianos, no son católicos y dicen que a María no se la puede llamar Madre de Dios, porque a Dios nadie le puede hacer. – Pero María es madre de un niño que es Dios. Por eso la llamamos Madre de Dios.
No puede haber título más hermoso. En cierto sentido María humaniza a Dios y nos le acerca. Nos lo hace tangible con su maternidad. Su maternidad no es algo mecánico, material. Ella es madre con un consentimiento pleno de su voluntad.
Si María es grande es porque su Hijo es inmenso. Es Dios, el Salvador que viene a nosotros para que, de manos de María podamos subir más fácilmente hasta la intimidad de Dios Padre.
María es el lazo de unión que Dios mismo nos ha dado. Como es madre de Dios todo lo puede. Y como es madre nuestra nos acoge. María es el ser humano donde caben: Dios y el hombre.
Porque eres madre de Dios, todo lo puedes. Automático
Porque eres nuestra madre, siempre nos acoges.
En tu corazón, María, Dios y el hombre.
En tu corazón, María, Dios y el hombre. Hacer CLICK
Hoy contemplamos a María con el niño Jesús en los brazos; y en medio de la sencillez consideramos la grandeza de María en la historia de la salvación. Hoy en el evangelio vemos cómo los pastores también encontraron al Niño con su madre. Dice así: Lucas 2, 16 -21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Hoy el evangelio nos cuenta con sencillez cómo los pastores, en cierto sentido o a su modo, evangelizan a María, contando lo que habían oído al ángel y descifrando un poco el misterio del recién nacido.
Y María empieza a gustar las primicias del gozo de los sencillos que reconocen a Jesús como salvador. Y todo esto lo guardaba y meditaba en su corazón. Una de las cosas que meditaría en su corazón era la embajada del ángel y de que aquel niño debía llamarse Jesús.
El nombre solía ponerse en la circuncisión. Era esta una ceremonia muy especial entre los israelitas, que se realizaba a los ocho días de nacer o sea en la octava como hoy. Era como la entrada oficial en el pueblo judío, comenzando a ser súbdito de sus leyes.
En ese momento le ponían el nombre. El ángel les había dicho a María y también a José que el nombre de aquel niño debía ser Jesús. Entre los israelitas muchos llevaban el nombre del padre o algún familiar. Otras veces dependía de alguna circunstancia. La gran circunstancia es que Jesús significa “salvador” o “Dios salva”.
Por medio de Jesús nos ha venido la salvación de Dios. Ya desde niño comenzó a darnos lecciones de salvación, si no con palabras, sí con gestos. Y así toda su vida hasta completar la salvación con su muerte y resurrección.
Jesús no nos salva por medio de armas, sino achicándose, abajándose hasta morir en la cruz. Para que le contemplemos e invoquemos, porque “todo el que invoque el nombre de Jesús se salvará”. Claro, invocarle con fe y con amor.
Los santos tenían el nombre de Jesús en los labios y en el corazón. En este día de la imposición de su nombre, prometamos invocarle cada vez más; pero con mucha fe y mucho amor.
El nombre de Jesús también nos sugiere la paz. Desde hace ya muchos años, la Iglesia quiere que el nuevo año comience bajo el signo de la paz. El ser salvador universal requiere desear y buscar la paz. Dios quiere que seamos pacificadores, unidos a Jesús.
En la bendición que Dios enseñó a Moisés terminaba: “El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. El concepto de paz, shalom, en la Biblia era fundamental. Era un saludo normal, que expresaba la armonía querida por Dios. Por eso se saludaban los que buscaban a Dios: Hevenu shalom alejem:
Automático
Hacer CLICK
La paz es el deseo de todos, especialmente al comenzar un año nuevo. Decía hace poco el padre Cantalemessa, predicador papal, al comenzar la primera predicación de Adviento a la Curia Romana: “Si se pudiera escuchar el grito más fuerte que hay en el corazón de miles de personas, se oiría, en todas lenguas del mundo, una sola palabra: ¡paz!”
Pues al comenzar un año nuevo, desde hace muchos años (ésta es la 48ª jornada de la paz), el papa dirige al mundo un mensaje especial acerca de la paz. Este año el papa Francisco ha escogido este lema: “No esclavos sino hermanos”.
Nos dice el papa cómo el ser humano tiende a relacionarse con otros basado en la justicia y la caridad. De ahí viene su desarrollo en su dignidad, libertad y autonomía. Sin embargo se ha generalizado el flagelo de la explotación del hombre por parte del hombre. La esclavitud, fruto y signo de la ruptura de la fraternidad y del rechazo de la comunión, en un tiempo era admitida por la ley civil como derecho a la propiedad de otra persona; pero hoy es un ‘crimen contra la humanidad’.
Sin embargo, dice el papa, sigue habiendo hoy muchas clases de esclavitudes: Tantos trabajadores y trabajadoras con lo mínimo por necesidad, emigrantes con vida dramática, personas obligadas a la prostitución o mujeres vendidas en matrimonio, personas (especialmente niños) secuestrados para venta de órganos, para grupos terroristas o actividades ilegales, etc.
Entre las razones de esta esclavitud podemos poner las palabras del papa: “Cuando el pecado corrompe el corazón humano, y lo aleja de su Creador y de sus semejantes, éstos ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad, sino como objetos. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin”.
¿Qué podemos hacer? Algunos trabajan bien. El papa dice: “Quisiera mencionar el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones religiosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos años en favor de las víctimas”. “Este inmenso trabajo, que requiere coraje, paciencia y perseverancia, merece el aprecio de toda la Iglesia y de la sociedad”. Pero se necesita mucho más.
Entre otras cosas dice el papa: “Se necesitan leyes justas, centradas en la persona humana, que defiendan sus derechos fundamentales y los restablezcan cuando son pisoteados, rehabilitando a la víctima y garantizando su integridad, así como mecanismos de seguridad eficaces para controlar la aplicación correcta de estas normas, que no dejen espacio a la corrupción y la impunidad”. Todos debemos hacer algo para la paz.
Termina el papa recordando el clamor de Dios a Caín: “¿Qué has hecho con tu hermano? ” Y concluye: “La globalización de la indiferencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que les dé esperanza y los haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos”.
Terminamos hoy recordando a María como Madre de Dios. San Pablo nos dice en la segunda lectura que, para salvarnos, Dios envió a su Hijo “nacido de una mujer”. Con ello nos dice que Jesús es verdadero hombre y que María es verdadera madre de ese hijo, que es Dios.
Por eso terminamos cantando que de la Virgen ha nacido ese niño, que es verdadero Dios y por lo tanto es rey universal.
De la Virgen ha nacido el Niño que es Dios y Rey. Automático
Se alegran cielos y tierra, venid, venid a Belén.
Se alegran cielos y tierra, venid, venid a Belén.
La Virgen de la esperanza a Dios concibió en su seno,
tejiendo fue con su sangre al Infinito en su pecho.
que avanzaba cual gigante de la eternidad al tiempo.
María, llena de gracia, a Dios Niño das el pecho,
con caricias maternales de mil abrazos y besos.
Virgen madre, nos revelas lo escondido del misterio.
A Dios has hecho tangible haciéndolo hermano nuestro.
De la Virgen ha nacido el Niño que es Dios y Rey.
Se alegran cielos y tierra, venid, venid a Belén.
Se alegran cielos y tierra, venid, venid a Belén.
Con María, la Madre de Jesús. AMÉN


